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Senet sabía que era el más indicado para escribir ese libro. Podía ser objetivo y había vivido mucho tiempo en la ciudad. Conocía su sistema político, su estructura social, sus normas, sabía cómo funcionaban las cosas. Y desde las afueras parecía que aquella visión terminaba de redondearse. Calquiera de sus chicos no habría podido escribir eso con la misma facilidad. Algunos aún estaban resentidos contra el sistema por no haberles aceptado y otros, como Charlie, seguían sin aceptarlo. Charlie era hijo de campesinos. Sus padres, al igual que la tía de Senet, habían vivido siempre en el área 32-A. Cuando Charlie nació sus padres decidieron hacer uso de la ley de Reasignación de Patria Potestad para que éste pudiera ser escolarizado y educado en la ciudad. Mediante esta ley, se conseguía que los hijos cuyos padres vivían en las afueras, fueran reasignados a algunos familiares residentes en la ciudad para reinsertarlos en el sistema educativo. Ellos sabían que si lograba superar los requisitos no le volverían a ver, pero querían lo mejor para él y consideraban que eso era la ciudad. Así Charlie fue reasignado a su tío quién, de mala gana, aceptó a hacerse cargo de él hasta su entrada en la universidad. Nadie de la ciudad quería hablar de sus parientes que habían sido desterrados a las afueras. Si era posible, las familias se olvidaban de aquél hijo, hermano o primo que no logró superar los requisitos de acceso mínimo a la universidad. Y ahí surgía el problema. Cuando esos parientes tenían hijos, la mayoría de las veces intentaban que volvieran a la ciudad y, de repente, había que dar explicaciones a los vecinos y demás desconocidos sobre por qué el sobrino vivía con uno o por qué una prima lejana se había mudado. Su tío vivía en un bloque de pisos-beta. Eran buenos pisos: comfortables y con algunos lujos, pero sin la majestuosidad de los alfa. Sus vecinos, al igual que el tío de Charlie, eran ingenieros de supervisión de procesos elementales en las fábricas del sector 3. En la ciudad, las comunidades de trabajadores se agrupaban en pisos del mismo nivel. El estado les ofrecía esos pisos e incluía en cada bloque las conexiones, infraestructuras y elementos de ocio necesarias, además de hacerse cargo del transporte. Así se conseguía que se unieran los gremios, la gente hacía amistad con otros del mismo nivel de estudios y no se creaban conflictos. Hasta el más mínimo detalle parecía estar solemnemente previsto. No había modo de encontrarse con un antiguo conocido en el autobús a no ser que éste hubiera estudiado lo mismo. En ese caso, no sólo se lo encontraría en el autobús, sino en la escalera, en el trabajo, en las zonas comunes de ocio y en los comercios circundantes. Charlie vivía con su tío pero nunca hizo amistad con ningún hijo de vecino. Parecía que no le interesaba. De todos modos, todos sabían que una vez realizada la prueba de acceso a la universidad cualquier amistad anterior se eliminaba. Los mismos evaluadores evitaban que cualquiera terminara en el mismo sector que sus amigos, compañeros de clase o vecinos. No había preferencias, una vez finalizados los estudios todos debían tener exactamente las mismas oportunidades. Nada dependía del azar. Charlie cursó los elementales, medios y superiores sin problemas. Debía tener cerca de los 17 cuando le convocaron para la prueba de acceso a la universidad. De repente, había llegado el momento más importante de su vida: los evaluadores le indicarían si era capaz de cursar estudios universitarios y a cuáles accedería. Sabía que lo haría bien. Nada tenía por qué ir mal. Su nivel durante los cursos anteriores no había destacado frente al de sus compañeros (no era extraordinariamente bueno, pero tampoco podía decirse que fuera malo). Además, se conocían pocos casos en que los evaluadores declararan no apto a alguien en la prueba de accesos universitarios. Todo el mundo sabía que la gran mayoría de no-aptos ya eran reconocidos antes de terminar los estudios medios. Salió con paso tranquilo en dirección al recinto donde se hacían las pruebas. Era un edificio gigantesco, de color blanco que se erigía en el centro de la ciudad. No tenía que fijarse mucho por dónde iba, había estado otras veces y además la estructura de la ciudad hacía que fuera casi imposible no pasar por el edificio H en ninguna ruta transitada. Un par de horas más tarde volvía sobre su mismo camino pero ahora con la noticia en forma de papel certificado arrugada entre sus dedos. Había sido declarado no-apto por los evaluadores. ¡Y a esas alturas! ¡El único de su promoción! La vergüenza asomaba por cada rincón de su cuerpo. Sentía que le miraban. Pero cómo lo podían saber? No, no podía ser. Volvió corriendo al piso a esperar la hora de su traslado. Hacía ya dos años de ese mañana en que le notificaron su denegación de acceso y Charlie aún seguía soñando con ese momento. Odiaba las afueras, odiaba su gente, sus compañeros, su suciedad. Las afueras eran rudimentarias, no había ni un solo titulado en 100km a la redonda. Qué hacía él ahi? No lo comprendía, ese no podía ser su lugar, todo había sido un error de los evaluadores. Sí, volverían a buscarle, y tenía que estar preparado para cuando eso sucediera, tenía que seguir con sus estudios. ¿Pero cómo hacerlo en las afueras, rodeado de gente que no había llegado ni al nivel 6? Y ahí entraba Senet. El único capaz de dar clases a unos chavales porque sí, sin motivo aparente. "El viejo loco que da clases en el sector 09-F"- le dijeron los que le impulsaron a ir a ver qué se hacía, convencido de que al día siguiente no volvería. Pero no fue así. Todos los chicos que acudían a las clases de Senet habían llegado ahi por motivos distintos. Y Charlie los despreciaba a todos. Los únicos con quien Charlie parecía llevarse bien eran Mirk, un chico nacido en las afueras que no había pisado nunca la ciudad y el mismo Senet. Ambos sabían que los educadores nunca se equivocaban, que eran un programa diseñado específicamente para decidir la aptitud de los estudiantes. Pero ni Senet ni Mirk intentaron convencer a Charlie de su error. Mirk era un chico alegre. Si pensabas en él lo primero que te venía a la mente eran sus risueños ojos negros. Tenía los ojos redondos y muy abiertos, como si se pasara el dia atento. Era un chico tímido, pero muy despierto. De los más inteligentes de su clase, sí. Lo apreciaba mucho. El padre de Mirk le había encomendado su educación como un favor personal hacía ya más de 5 años. A Senet no le importó, porque ya daba clases a otros chicos, pero siempre se había sentido un poco más responsable de Mirk. Al fin y al cabo, Mirk no había sido reasignado a la ciudad porque su padre confiaba en él como maestro. Empezó a oír las voces de los chicos. Ya llegaban y él aún no había escrito nada. ¿Qué le pasaba?
Demóstenes / General / 18 Mayo, 3:24pm /
//La sala está preparada. > Después de superar las cinco primeras pruebas más difíciles del programa > nos hemos visto obligados a recurrir a la prueba "final". //El final lleva comillas precisamente por que es de lo que carece, es una prueba //pensada para ver la reacción del participante, así que no espere que la complete con //éxito. >Después de ver sus calificaciones en la Prueba De Cambio Rotacional Magnético, >pensamos que podría ser el sujeto que buscamos. Puede que sea digno de ser el >elegido. Hay veces en que los problemas sólo pueden resolverse rompiendo las normas, ya que han sido pensados para no tener resolución, aunque una vez, alguien le dijo que un problema que no tenía solución no era un problema, pero Eckol tenía la firme creencia que todo problema tenía solución si se era lo suficientemente listo. Tras haber traspasado la puerta, se extendía ante él una gran habitación, aunque ésta vez podía ver sus límites, que consistían en cuatro paredes y una especie de columna muy ancha, en el extremo de la cual descansaba la siguiente puerta blanca, altiva e impertérrita, como si nadie pudiera ensuciar su pulcra superficie. Entónces reparó en que había una especie de marcador encima de la puerta, en un extremo había una cuenta atrás que descendía desde veintiocho minutos – debía estar a treinta cuando entró –, y en el otro extremo había un 15 estático. En toda la altura de la columna, se extendían lo que parecían cubos distribuidos al azar uno encima de otro, de modo que formaban una pequeña construcción geométrica. Cogió el cubo que estaba más cerca de él, cuando las yemas de sus dedos tocaron la superficie, el cubo se iluminó de inmediato, eso hizo que Eckol estuviera a punto de lanzarlo por los aires del susto - ¿a quién se le ocurrirían estos efectos de película? - Volvió a dejarlo en su sitio, se sentó en la entrada de la sala y observó. Entonces se percató de que el lugar del marcador que antes ocupaba el quince, supuestamente estático, lo ocupaba ahora un catorce burlón. De repente todas las piezas encajaron. Tenía que crear una escalera hasta la puerta con los cubos que había ahí, y no sólo eso, sino que tenía que hacerlo en el tiempo indicado, y en menos de quince movimientos (catorce ahora que había desperdiciado el primero estúpidamente). No iba a ser tarea fácil, ya que no podía intentar cosas que le llevaran a perder movimientos inútilmente – y estaba seguro que ellos no le habrían dejado mucho margen de error –. Empezó a crear mentalmente el modelo tridimensional que se asemejara a lo que tenía delante, tuvo que "suponer" muchos cubos, ya que la mayoría quedaban escondidos en la esquina que formaban la columna y la pared. Poco a poco iba definiendo los movimientos que tenía que hacer para crear una estructura que le permitiera llegar hasta arriba. Nueve movimientos y veinte minutos. Eso era todo lo que necesitaba, lo demás estaba en su cabeza. Empezó a ejecutar los movimientos que había pensado. Comenzó por reubicar los que rodeaban la estructura principal, y luego empezó a quitar los más próximos a la esquina para crear los peldaños superiores. Al quitar el primero, se sorprendió tanto que le cayó de las manos, ¡No había cubos en el interior de la esquina! Al parecer, la estructura que desde fuera parecía sólida, no era más que una carcasa de cubos, hueca en su interior… Toda su teoría se cayó junto al cubo que tenía en las manos, que le pareció que rotaba a cámara lenta mientras caía. Hizo un cálculo rápido de los módulos que necesitaba para completar la escalera, muy a su pesar no había suficientes para poder subir hasta arriba. Así que éste era su plan, una prueba imposible de terminar. ¿Querían ver su reacción? ¿O sólo querían ver como los participantes se desesperaban? Si era eso, no iban a conseguir lo que querían – pensó Eckol - aún no se había planteado un problema que él no pudiera resolver. Al mirar hacia abajo vio una cosa curiosa, el cubo que había dejado caer se había desprendido de una de sus paredes, por lo visto no sólo la estructura era modular, sino que sus partes (los cubos) también eran modulares, ya que todas sus piezas eran iguales. Es decir, que se podían cambiar dos paredes de dos cubos y seguían siendo idénticos. No sólo de eso se percató, también vio que las paredes, la columna y el suelo estaban hechas de los mismos módulos que los cubos. Eso le dio una idea a Eckol, aún le quedaban cinco movimientos, y por lo que había visto, un movimiento consistía en el acto de dejar un cubo en el suelo o encima de otro, lo que le permitía manipular los cubos en su regazo mientras no tocaran el suelo. Empezó a coger los cubos que había cerca de la esquina i les quitó una pared y la base, iban a compartir caras con el cubo inferior y la pared, de ésta forma, compartiendo costados con otros cubos podría formar módulos nuevos y llegar hasta arriba. Completó la escalera a falta de tan sólo 2 minutos. Al llegar a la cima el marcador de movimientos marcaba un uno, hasta le había sobrado un movimiento. Posó su mano en el pomo de la puerta, dispuesto a girarlo y ver qué le esperaba en la siguiente prueba. Lo giró. Al instante la sala se sumió en la oscuridad, sólo unas letras de rojo neón flotando en lo que antes era el centro de la sala, giraban y se podía leer: // Fallo en el sistema \
Locke / Historia / 27 Marzo, 1:40pm /
Senet se despertó sudando en mitad de la noche, el vecino de arriba tosía estrepitosamente y desde la ventana entraban atisbos de la luz de la ciudad. Por muy tarde que fuera, siempre se vislumbraba su presencia. Se detuvo un instante, si contenía la respiración podia oír cómo aúllaba la ciudad. Allí, a lo lejos, todo parecía conformarse bajo un estricto rigor. Más de un millón de hombres y mujeres licenciados se levantarían al cabo de unas horas para desempeñar sus funciones en los cargos asignados. Puntualmente, saldrían de sus casas y empezarían su jornada laboral. Su día transcurriría tranquilamente, sin sorpresas. Era una sociedad justa y pacífica. Habían conseguido librarse de la pobreza y del crimen, todo se desarrollaba en un entramado social que no permitía ningún tipo de negociación con el desempleo ni la ignorancia. Los oficios no productivos habían sido cuidadosamente eliminados y delegados a entornos de ocio y se apostaba por la educación y la cultura más de lo que ninguna revolución social lo había hecho. Se formaba a los chicos desde temprana edad y se promovía el rendimiento académico por encima de todo. La cuidad murmuraba y rechinaba unimismada, idéntica, perpétua. Decidió levantarse de una vez, ya había dormido suficiente. La noche se acumulaba mientras seguía oyendo toser al vecino a través de las minúsculas paredes de cartón piedra que les separaban. Cuando se hiciera de día iría a verle, ese hombre necesitaba un médico. En las afueras, todo era distinto. Ahí reinaba la ley del más fuerte, no había cuerpos policiales ni ningún tipo de seguridad. De noche todo quedaba desierto, ni los camiones que iban a descargar a la ciudad se atrevían a hacerlo a esas horas. No se podían cruzar las afueras así como así. Era pronto y los chicos no habían despertado, aún le quedarían un par de horas antes de que se arremolinaran la puerta de su casa como cada mañana. Sí, parecía el mejor momento para empezar algo nuevo. Era perfecto.
Demóstenes / Historia / 20 Marzo, 5:23pm /
El primer paso para resolver un problema es estructurarlo, analizarlo y ver rápidamente qué posibles salidas pueden encontrarse. Conocía muy bien los problemas y ellos le conocían muy bien a él. Desde muy temprana edad había tenido que lidiar con ellos y estaba acostumbrado a enfrentarlos, aunque esta vez tenían diferente forma. En este caso, había lo que parecían tres grandes toroides de material reluciente, seguramente metálico, posicionados en fila uno detrás de otro entre dos plataformas. Tenían un grosor no superior a un palmo y una circunferencia bastante amplia. En resumen, la medida exacta para no poder saltarlos a pie desnudo. Debajo de ellos se extendía el vacío, solo la plataforma donde estaba Eckol y otra plataforma al otro lado de los toroides se diferenciaban de la nada. Frente a sus pies reposaban dos losas de metal superpuestas, de forma que parecían una sola muy gruesa. Tenían más o menos la superficie de sus dos pies juntos. // El sujeto 16848 es realmente interesante: en solo 1,2 segundos ha
Locke / Historia / 6 Marzo, 10:03am /
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